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Ultrasonido para limpiar las aguas

Ana Lorena Camargo, estudiante de la maestría en Ingenieria Ambiental, señala las burbujas que se forman al interior del reactor, un pequeño tubo de vidrio de un litro de capacidad. Las muestra con insistencia porque, en realidad, estas burbujas son la evidencia de un proceso eficiente para descontaminar el agua utilizando ultrasonido.

Desde una caja que hace las veces de “torre de control”, las ondas de este “ruido silencioso” se dispersan a través del agua. El oído humano es incapaz de escucharlas, pero su propagación por el líquido crea a las burbujas, que van creciendo hasta que implosionan a altas presiones y temperaturas. Y, tras la implosión, los contaminante no resisten, sino que se degradan.

Los procesos de oxidación avanzada—como se le conoce a estos métodos —no son nuevos, pero un equipo de la Universidad de Antioquia, liderado por la doctora en Ingeniería Ambiental Ainhoa Rubio Clemente, ha conseguido una patente por construir un equipo de este tipo más complejo y versátil.

Y esto es porque Rubio, con investigadores del Grupo de Diagnóstico y Control de la Contaminación —Gdcon—, y del Grupo de Energía Alternativa —GEA—, construyeron un equipo sonoquímico que incorpora varias frecuencias y potencias para la generación de ondas de ultrasonido, lo que ofrece un abanico más amplio para degradar los contaminantes del agua.

“Buscamos en el mercado, pero existían muchos equipos que te permiten operar a una sola frecuencia específica”, explica Edwin Lenín Chica Arrieta, coordinador del GEA, “entonces vimos la necesidad de crear uno que permitiera variar la frecuencia y potencia, ampliar el espectro, porque no todas las sustancias responden igual”.

A este modelo, explica Rubio, se le puede incorporar también una lámpara ultravioleta o un tubo de cuarzo, añadir peróxido de hidrógeno (agua oxigenada) y usar catalizadores como sales de hierro para tener una sinergia de procesos y aumentar la versatilidad del equipo.

Ahora, imagine que se aplica una crema en el rostro. Al ducharse, los componentes de este producto van a parar a las aguas residuales y llegan hasta las plantas de tratamiento, en donde las unidades de operación quizás sean capaces de retirar algunos de estos contaminantes, pero no todos.

El resto terminan en las quebradas, ríos y otros ecosistemas. Al final del ciclo, como dice Rubio, las plantas potabilizadoras tampoco pueden eliminarlos: esas son las aguas que usted estaría bebiendo. Ahí es cuando procesos avanzados como el de este equipo, alternativos a los convencionales, resultan claves. Especialmente cuando se trata de contaminantes emergentes, como la crema para el rostro y otros productos de aseo o fármacos como los antibióticos.

Rubio añade que muchos de esos contaminantes ni siquiera están legislados y pasan campantes los controles en las plantas de tratamiento.

Así que esta patente es un paso inminente para atacar estas sustancias tóxicas, una disputa que ya ganan las ondas de ultrasonido y que se queda corta por los métodos tradicionales.

Fuente: El Colombiano