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Recuperación del cerro de las Tres Cruces tardaría 2 años

Fueron más de doce horas de fuego vivo en las que el cerro de las Tres Cruces, la reserva natural de la comuna 16 (Belén), se convirtió en infierno. En ese lapso, dos incendios arrasaron con más de seis hectáreas de bosque ante la mirada impávida de los residentes del sector y los esfuerzos de los bomberos por sofocar las llamas.

El primero se inició a las 2:00 p.m. del martes y logró ser controlado cinco horas y media después, cuando Diego Moreno Bedoya, subdirector de Manejo de Desastres del Dagrd (Departamento Administrativo de la Gestión del Riesgo de Desastres) dio el parte de victoria.

Pero al instante, el mismo funcionario debió anunciar el comienzo de otro foco de fuego en la parte baja del cerro, a 300 metros de las urbanizaciones de la loma de Los Bernal.

“Este incendio se inicia después de las 7:30 p.m., cuando ya habíamos extinguido el de la tarde. Fue provocado por unas personas que fueron capturadas”, informó Bedoya. Al instante empezó una labor que se extendió hasta las 2:50 a.m. de ayer y en la que participaron más de 50 hombres.

A Álvaro Muñoz, un señor de 69 años quien ha sido vigía de este lugar hace más de 40 años, el anuncio del fuego le llegó a la Plaza Mayorista, donde compraba el surtido de naranjas para atender la clientela de la noche, que es la que llega cada día a las Tres Cruces para extasiarse con la naturaleza. Su kiosco está en la mitad del morro.

“Mantengo este lugar limpio, le he sembrado árboles, cuido los armadillos y las zarigüeyas, este es mi paraíso, y cuando me llamaron a avisarme vine corriendo, eran como las 4:00 p.m., pero todo se fue creciendo y era muy poco lo que uno podía hacer”, contó con la voz a punto de quebrarse por la tristeza que lo embarga: “No estoy dolido por los 80 kilos de naranja que perdí sino por los animales y árboles que murieron”, dijo.

Caminando sobre cenizas
El panorama ayer en el cerro era desolador, pues aunque por el sendero natural subían y bajaban caminantes, algunos acompañados de mascotas, a ambos lados del camino se veían capas de suelo en cenizas. Miles de árboles y arbustos se volvieron polvo y tardarán años en crecer. Como símbolo de resistencia, una penca de cuatro metros mantenía erguidas sus ramas al no ser consumida por el fuego.

“Después de dos años podremos volver a ver pastizales, muchas semillas que estaban para germinar se perdieron y la capa negra se verá por ahí unos seis meses, y eso si hay lluvias”, afirmó Estela Quintero, docente de Biología de la universidad CES, quien reconoce en este cerro un pulmón verde y un corredor ecológico de abundante fauna y flora al que el incendio le hizo daños casi irreparables.

Camilo Zapata Wills, director del Dagrd, calculó en seis las hectáreas perdidas. Señaló que en la extinción del fuego trabajaron los bomberos, con apoyo de EPM, el Ejército, la Policía, otros cuerpos de socorro y el Siata, que llevó un dron con sensores de calor.

“Llevamos dos meses en temporada seca, con temperaturas altas y vientos fuertes en la tarde, y las zonas entre lo rural y lo urbano, como los cerros tutelares, son muy vulnerables, por eso le pedimos a la gente reportar cualquier caso a la línea 123, para priorizar la atención”, dijo Zapata.

Palabras de esperanza

Parado en la cima, junto a las tres cruces de madera, Jáder Castaño miraba hacia abajo. Casi no le salían las palabras: “Es triste este magnicidio ambiental, este cerro es un servicio para la ciudad, acá un fin de semana casi no cabe la gente”, aseguró. Cada domingo, subir a las Tres Cruces con su esposa y su mascota es su plan favorito.

Don Álvaro, el de las naranjas, habló de esperanzas: “ahora trajeron un armadillo que salió vivo, lo soltamos para que tenga más crías”, expresó mientras sobaba la cabeza de Muñeca, una mula en la que sube y baja las naranjas para el jugo “milagroso” que, dijo, les vende a los caminantes.

La misma suerte no corrió una tarántula que Daniela Zuluaga aseguró haber cogido muerta. “Acá no murió gente, pero cada animal es una vida perdida. Desde la escuela deberían enseñarnos a respetar la tierra”, expresó con enojo.

“Me llamo Iván Calderón y tengo 67 años. Dos veces al mes subo caminando. Hoy huele a quemado, a muerte”, balbuceó otro amigo del cerro.

La teniente Érika Ortiz, comandante de la Policía Ambiental, reportó la captura de tres jóvenes, dos de 16 y uno de 17 años, sospechosos de haber encendido el fuego que se inició a las 7 y 30. “El delito por el que se les hace señalamiento es destrucción de recursos naturales”, explicó.

Un muchacho en sudadera pasó descalzo entre el pasto negro, consumido. Su esperanza, dijo, es que esta tragedia no se repita.

Fuente: El Colombiano