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Entre la realidad y el miedo: Relatos sobre los fantasmas de la Hacienda Santa Cruz en Remedios

La violencia en Colombia ha derramado tanta sangre que ha llegado a teñir de rojo y a sembrar de miedos y fantasmas muchas partes del territorio nacional; y Remedios, en el nordeste antioqueño, no es la excepción. Este territorio tiene hondas cicatrices de lesiones infringidas por décadas de violencia brutal, pero, para efectos de esta historia sobre los fantasmas de la Hacienda Santa Cruz, que hoy parecieran no tener sosiego, nos remontaremos a décadas atrás.

El presente relato se origina a partir de una foto que circuló hace meses en redes sociales, la cual fue tomada en horas de la noche en la construcción abandonada de Santa Cruz, ubicada a un lado de la vía entre Segovia y Remedios, después del Alto de los Muertos.

Al aumentar esa imagen, en la parte superior izquierda se observa la aparente silueta de “una niña vestida de colegiala”, alcanzándose a perfilar el yomber, medias a la altura de la rodilla, blusa de manga larga y de rasgos faciales indefinidos. Parece tener el pie izquierdo semi levantado, como si fuera a dar un paso y las manos en ademán de equilibrio, dando una sensación de levedad fantasmal.

Pero eso no es todo, porque al mirar la imagen en detalle, preferiblemente en la oscuridad, en el lado derecho se dibuja la silueta de “un hombre de sombrero que parece estar a caballo o parado en posición de guardia”.

Seguro que ustedes podrán describir formas distintas, hacer asociaciones o especulaciones diferentes o simplemente decir que esto no pasa de ser carreta barata, como se dijo ya en redes. Pero más allá de que se trate de una fotografía preparada o de pura superstición, importa decir que este lugar tiene historias reales espantosas que han generado dolor en muchas familias y temor en la población, las cuales influyen en el imaginario de la gente, asociado al horror de la violencia, y donde las apariciones se asimilan como una manera de manifestar, disfrazando, el dolor y el miedo que generan sitios como éste, donde las acciones sangrientas sacrificaron y mancillaron tantas vidas.

Sabemos que en esta finca, hoy abandonada y otrora una hermosa hacienda ganadera y próspera, que la violencia acabó, se dio el apogeo de oro “Los Pugidos” en 1986 y que, según las historias escuchadas, allí también se presentó el dominio guerrillero y paramilitar que dio pie a actos de violación y de homicidios, y que al parecer “están relacionadas con las almas en pena que hoy asustan a la gente”, según dice Emilio, un amigo que conoce el lugar y que al ver la imagen de autor desconocido en detalle, asegura que “las ánimas se dejan coger del flash de la cámara”.

“Por algo está abandonada”, continúa diciendo mi amigo, porque cuentan que en época del paramilitarismo el propio Carlos Castaño amenazó al dueño de entonces para que abandonara la finca, a lo que este se negó. “Por eso es que nadie quiere tener esa propiedad, porque han intentado venderla y nada”, dice Emilio, sugiriendo que se trata de “una tierra en ruinas”, por las atrocidades que en ella se cometieron. “Administrador que ponían, administrador que mataban. Dicen que Darío ‘Polla’ (jefe guerrillero al que el ejército dio de baja), los mandaba matar”, agrega.

Jairo, otro amigo, expresa al respecto: “Yo no creo en espantos, más fácil creo que sea el oro, porque este hace ruido o se manifiesta de alguna manera”, en referencia a la gran riqueza aurífera que dicen hay en estos terrenos y que se convierte en una de las razones de peso para tanta desgracia.

La casa era bonita y por la violencia desatada la finca se convirtió en tierra de nadie. “Hace 20 años, por la variante a Puerto Berrio que pasa por allí, hubo un matadero de gente”, dice Salvador, un minero que todavía habla del tema con algo de temor. “Yo trabajé en una mina en Santa Cruz y recuerdo que en el 2001 en solo un mes me encontré más de 30 muertos al lado de la carretera. Casi a diario los paramilitares (del bloque Metro) secuestraban personas que eran llevadas para asesinarlas en ese lugar”.

La casa la desvalijaron poco a poco, en vista del abandono, y hoy está en ruinas como puede observarse en las fotos que ilustran esta nota. Las historias abundan y de algunas de ellas incluimos apartes (entre comillas), con nombres figurados, porque nadie quiere que su nombre se cite:

“Imagínese que una vez una amiga de Remedios, que vive en El Llano, había madrugado a caminar con otras amigas y me la encontré toda pálida, porque luego de dar la vuelta por el Alto de Los Muertos y al pasar por Santa Cruz, vieron una niña en cuclillas que, inclinada, se tapaba la cara con unas manos deformes. Por lo que ellas salieron corriendo”, cuenta Víctor.

Pero lo más sonado, tal vez, es la historia relacionada con un hecho real, ocurrido años atrás, cuando se contó sobre “aquella vez que unas amigas madrugaban a caminar y una de ellas le dijo a la otra que iba a entrar a orinar a esa construcción, luego salió aterrada gritando que había visto un ‘monstruo’, cruzó la calle en pánico y un carro la atropelló, muriendo después, llevándose el secreto a la tumba”, como cuenta Socorro, quien asegura conocía a la víctima.

Otra historia la conocimos de labios de María, una remediana que hace un poco de memoria y nos narra: “Yo hace muchos años trabajé allá y cuando me vine una amiga de Remedios me contó sobre el abandono de esa construcción y que pasaban cosas muy extrañas en ese sitio. Que una vez ella conducía su moto a altas horas de la noche y casi se cae creyendo que pudo atropellar a una niña, cuando miró hacia atrás no había nadie. ¡Dios mío!”

Después de una pausa, María continúa: “Recuerdo que un día de camino al trabajo en Santa Cruz nos encontramos con una masacre de 7 personas, todos estaban atados y boca abajo, entre ellos habían menores de edad (niñas). Puedo confirmarte estos datos porque yo vi los cuerpos. ¿Recuerdan la famosa camioneta llamada ‘La última lágrima’? Pues allí los dejaron tirados.

Entre ellos había un vicioso de Remedios que meses anteriores a la masacre había violado una niña en esos establos de Santa Cruz, obviamente lo mataron los de ‘La última lágrima’, que eran el terror en esos tiempos en Remedios y Segovia.

Puedo darte muchos datos más – dice – pues yo viví todo aquello en persona. Te cuento que cerca de la finca Santa Cruz está el ‘Alto de los muertos’, que también tiene sus historias. Allí dejaban a todos los menores de edad que violaban y asesinaban, hasta con el uniforme del colegio Ignacio Yepes Yepes, mi colegio”- termina diciendo, mientras se le ensombrece el ceño y se le quiebra un poco la voz, reflejando en su mirada la tristeza que le produce hablar de esos pasajes de su vida y su pueblo.

Y una versión escuchada varias veces la resume Socorro así: “Imagínese, que algunos motociclistas han sentido que se les monta un parrillero porque sienten el peso y, de repente, les colocan las manos en los hombros y que crees…¡¡son heladas y huesudas!!”

Otras personas vivieron o conocen de muchas historias más, que muy bien podrían incluir en sus comentarios a este relato.

Diciembre 28, 2021. Por Medardo Antonio Tejada Monsalve