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Atención a pacientes con cáncer, aún fragmentada

Correr de un consultorio a otro, entre los estudios médicos, las hospitalizaciones o la quimioterapia, como en una suerte de batalla contra el avance de la enfermedad.

Esta es la historia natural de un paciente de cáncer en Antioquia, que debe lidiar con diligencias extenuantes o desplazamientos excesivos.

Según la Secretaría de Salud de Antioquia, el mayor riesgo de muerte por cáncer en la población antioqueña está dado por el de órganos digestivos y peritoneo, seguido del cáncer de pulmón.

Solo de este último tipo de cáncer, de acuerdo con los registros preliminares del Dane, 1.174 personas fallecieron en 2017. Y los problemas en la atención, sin embargo, continúan al orden del día.

“Las EPS siguen fragmentado la atención a las instituciones con las que tienen convenio, muchas veces por costos”, explica la doctora Ana Cristina Giraldo, jefe del Departamento de Cancerología del Hospital Pablo Tobón “y esto quiere decir que, en el mejor de los casos, a un paciente le puede tomar hasta 59 días entre el diagnóstico y recibir el tratamiento”.

Martha Cristina Mariño, coordinadora de quimioterapia de Medicáncer, añade que, además de que están muy dispersas las especialidades, los usuarios no suelen tener claridad sobre los trámites administrativos.

“No les contestan para pedir las citas o se las asignan a a los dos meses. Eso va alterando la oportunidad en el tratamiento”, dice Mariño.

En eso coincide Mauricio Andrés Quintero Betancur, médico internista del Hospital General, quien manifiesta que la atención al interior del hospital es oportuna, pero cuando los pacientes salen “regresan después y no se les realizó lo que necesitaban por trabas en la atención”.

Por otro lado, para Rubén Darío Salazar, médico hemato oncólogo de la Clínica de Oncología Astorga, las cifras para entender la dimensión de la enfermedad son otro asunto pendiente: “En el país no llevamos un adecuado registro del cáncer. Nuestras estadísticas son deficientes, pero estamos mejorando”.

Más Unidades Funcionales
Como alternativa para sortear la atención fragmentada de estos pacientes, el Ministerio de Salud puso en marcha la Resolución 1477 de 2016, que impulsa la habilitación de Unidades Funcionales para la Atención del Cáncer.

¿Y en qué consisten? Son modelos de atención integral que deben garantizar la accesibilidad a los servicios y unificar todas las especialidades en un misma unidad clínica. Que el paciente no deba desplazarse y que todas las fases, desde el diagnóstico hasta el tratamiento, sean cubiertos por la misma institución.

Por ahora solo existen dos unidades certificadas en el país: la IPS Hospital San Pedro, en Pasto, Nariño, y la Clínica Somer de Rionegro, la primera en Antioquia.

“El objetivo es que para el paciente sea todo fácil, expedito. Muchos mueren esperando autorización para el tratamiento”, indica la doctora Ana María González, directora médica de la Clínica Somer.

Actualmente, dice González, la institución se encuentra en el proceso de contratación con diferentes aseguradoras.

¿Y por qué es tan difícil certificar las clínicas oncológicas como Unidades Funcionales? Mariño dice que los estándares de habilitación en Colombia son muy exigentes y no todas las entidades pueden cumplirlas: requieren de grandes recursos económicos, infraestructura, recursos humanos y procesos prioritarios.

Giraldo explica que, aunque existen bastantes clínicas oncológicas en el departamento, muchas son pequeñas y no cuentan con el soporte que exige la norma, tienen amplias carteras y la posibilidad de inversión se reduce.

Para el caso del Pablo Tobón, agrega, ya tienen un modelo de atención basado en la resolución del Ministerio. Están solo pendientes de la certificación como Unidad Funcional y en 2018 atendieron a 2.164 pacientes con diagnóstico de cáncer.

“¿Les sale rentable este modelo a las aseguradoras? Por supuesto”, concluye. “Es un paciente que recorre menos instituciones. Es, también, reducir el avance del cáncer y las complicaciones” .

Fuente: El Colombiano